sábado, 5 de mayo de 2012

La metamorfosis, de F.Kafka


Todos sabemos que los sueños rebelan, y a la vez disfrazan, realidades de nuestro inconsciente, con frecuencia miedos y deseos, que no resisten la luz de la vigilia, una luz bajo la que nuestra vida solo es posible con cierto nivel, más o menos grande, de engaño. Aquí solo analizaremos los miedos. Es también una experiencia usual que, a veces, justo después de despertarnos, continuamos creyendo en la realidad de las escenas que hemos estado viviendo mientras soñábamos, y hasta el punto en que, durante unos instantes, y con esfuerzo, tenemos que decirnos que todo aquello no ha pasado, que solo ha sido un sueño. Cuando conseguimos convencernos de esto y volvemos a creer en la "realidad verdadera", la de la vigilia, llega el alivio; no, no somos un escarabajo, solo lo habíamos soñado. Pues bien, imaginemos que este desengaño no es válido, porque todo lo que hemos soñado resulta que es real, y que desde este momento tenemos que vivir con la "otra realidad", la de los otros. Imaginemos también que esta situación se alarga durante semanas y semanas y que termina con la muerte, con nuestra muerte, una muerte resignada, consentida, casi buscada por aquel que ha tenido el sueño.

Freud nos enseñó a "interpretar" los sueños, como si fuesen una especie de adivinanza que pudiera proporcionarnos la clave de realidades profundas, reprimidas, de nuestro psiquismo.

Ésta podría ser la perspectiva correcta para leer el más importante y el más conocido de los relatos breves de Franz Kafka, según Eustaquio Barjau.


La Metamorfosis (Die Verwandlung, 1915)


Hace ya años que me mandaron leer esta obra cuando iba al instituto. Una obra que sé que no entendí en su momento, o que no la entendí como la entiendo ahora, una vez leída de nuevo con una madurez reflexiva más avanzada que la de entonces. Igual que con El Principito, otra obra en la que su interpretación siendo niño es muy diferente a la de siendo adulto. Es de lectura rápida, en dos tardes me lo he terminado, a pesar de que utiliza un vocabulario algo culto (por lo menos en la traducción catalana) que te entrecorta la fluidez lectora de vez en cuando.

El protagonista de este relato es un joven viajante de comercio, Gregor Samsa, que trabaja para mantener a sus padres y hermana pequeña. Un día se despierta indispuesto para ir trabajar, transformado en algo que no causará precisamente indiferencia a su familia y creará una situación en la que ésta deberá espabilarse para seguir manteniéndose económicamente.

En gran parte de la obra se pueden apreciar algunas observaciones autobiográficas de Kafka. El apellido Samsa es como el del autor, cambiando únicamente las consonantes. Respecto a la vida y personalidad de la hermana de Gregor y su padre también hay ciertas similitudes con su hermana y padre reales. La historia también se puede entender, de una forma exagerada, como sus propias sensaciones anímicas y físicas de algún momento de su vida. Es curioso que también haya algunos detalles que posteriormente utilizará en otras obras como Carta al padre o Cartas a Felice.

Me encanta cómo el autor juega con la realidad y el sueño; cómo induce al lector a ponerse en la piel del protagonista, pero que a la vez pueda llegar a entender la actitud de la familia respecto ese cambio inesperado. También hay puntos en los que podemos llegar a sentirnos levemente identificados con alguno de los personajes, sus miedos, sus reacciones. Las interpretaciones de la historia también pueden ser variadas, cada lector la hace suya, y como me ha pasado a mí, puede cambiar dependiendo del momento de su vida en el que la haya leído. Se la recomiendo a todo aquel que disfrute de la lectura en general y de reflexionar en el durante y en el después.

Sin duda es un relato en el que la absurdidad de las situaciones y personajes domina sobre la lógica de la vida cotidiana.


Mi primera colaboración en "La cultura no val res" (en catalán).